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La historia de la minería en nuestra zona de operación tiene capítulos del pasado que dejaron una huella profunda en el entorno.

Durante los años 70, 80 y parte de los 90, la empresa Rosario Dominicana operó en el área extrayendo minerales superficiales y, posteriormente, minerales con sulfuros. Desafortunadamente, al detener dicha operación, parte de estas rocas quedaron expuestas a la intemperie.

Con el paso de los años y el efecto de las lluvias, se generó un fenómeno de agua ácida que impactó severamente los ríos de la zona. Y ante esta realidad histórica, en Pueblo Viejo fuimos contratados a inicios de la década de los 2000 para retomar esta operación, y asumimos un compromiso inquebrantable de implementar la más alta tecnología para limpiar este pasivo ambiental y garantizar que estas aguas volvieran a fluir limpias en beneficio de toda la población. De manera directa impactamos positivamente la transformación de las aguas del río Margajita, que es el único punto de descarga de aguas tratadas dentro operación.

La transformación del río Margajita: Un contraste visible

Con el inicio de nuestras operaciones, pusimos en marcha un riguroso proceso de remediación. Hoy, en la ladera del cauce del río Margajita, se puede observar claramente el contraste entre las aguas preexistentes (afectadas por décadas antes de nuestra llegada) y las aguas que hoy descargamos. El río ha pasado de tener aguas rojizas a corrientes de mejor calidad que cumplen con todos los estándares de calidad de agua nacionales e internacionales.


¿Cómo lo logramos?

El proceso comienza con una canalización dirigida que recolecta las aguas que entran en contacto con los minerales dentro de la mina y las lleva a una presa que llamamos presa de recolección de aguas ácidas o ARD, por sus siglas en inglés. Luego, estas aguas son procesadas en nuestra planta de tratamiento, incorporadas al ciclo, tratadas nuevamente y, finalmente, descargadas con una calidad superior.

 

Devolviendo la vida al ecosistema y a las comunidades

Este esfuerzo tecnológico no solo le ha devuelto su color y estado natural al río, sino que ha traído oportunidades de mejora reales para las comunidades que viven río abajo.

En poco tiempo de comenzar el proceso de remediación ambiental, y gracias a la recuperación de las aguas, los pescadores de Hatillo pudieron volver a pescar en la presa y mejorar sus oportunidades de desarrollo; es decir, una mejora directa en su calidad de vida y economía local.

 

Monitoreo Participativo: Transparencia en acción

Este proceso de remediación no terminó allí. En Pueblo Viejo abrimos desde el primer día nuestras puertas a las comunidades en un programa único en su categoría en el país, donde cada tres meses monitoreamos junto a ellas la calidad del medio ambiente dentro y alrededor de la mina.

La calidad del agua, del aire y el ruido es vigilado directamente por nuestros vecinos a través de los Monitoreos Ambientales Participativos. Iniciamos en aquel momento y el interés no ha parado de crecer. El Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) participa desde 2021 en estos monitoreos, actuando como entidad independiente para garantizar la transparencia y objetividad en la toma de muestras.

En estos recorridos, se evalúan puntos estratégicos como el río Margajita y el arroyo Maguaca. Las comunidades verifican de primera mano factores críticos como:

  • Controles de la calidad del aire y niveles de ruido.
  • El pH y el contenido de oxígeno del agua.
  • La concentración de metales pesados.

Un paso más allá: La remediación voluntaria de la presa de Mejita

El éxito comprobado y evidente en la recuperación del río Margajita no solo le devolvió la vida al ecosistema, sino que generó un nivel de confianza sin precedentes. Al ver estos resultados tangibles, el Gobierno dominicano confió en la probada capacidad técnica de Barrick Pueblo Viejo para enfrentar un nuevo reto: ayudarles a remediar los pasivos ambientales históricos de la presa de Mejita.

Aunque la remediación de esta área no formaba parte de nuestro contrato inicial ni se encontraba bajo la responsabilidad operativa de nuestra empresa, decidimos dar un paso al frente. De manera totalmente voluntaria, nos dispusimos a apoyar al Estado en la recuperación de este espacio, demostrando con hechos que nuestro compromiso con la República Dominicana va mucho más allá de lo firmado en un papel; es un compromiso genuino con la salud ambiental del país.

La voz de nuestra gente

El mayor logro es el cambio que perciben quienes han vivido siempre en la zona. Como relatan miembros de la comunidad que han participado en estas jornadas:

«A lo primero, cuando nosotros vinimos a hacer los monitoreos, el agua era bien turbia, rojiza. Después de los segundos monitoreos, cuando volví, ya no estaba así, ya estaba clara. Me sentí orgullosa porque vi que hubo un cambio muy bueno».

– Bárbara Disla, Grupo de Amas de Casa La Progesita.-

 

«Actualmente veo una diferencia entre lo que era la calidad del agua antes con lo que es ahora; inclusive yo he visto hasta peces en el río».

Elpidio Moronta, director de la carrera de Geología en UTECO.-

 

Un compromiso a largo plazo

La vida útil de nuestra mina, de acuerdo con la licencia ambiental, se extiende por más allá del 2040. Esto significa que nuestro compromiso voluntario y estos monitoreos participativos continuarán acompañándonos por mucho tiempo. Seguiremos trabajando de la mano con las comunidades, garantizando que el renacer de nuestros ríos sea un legado permanente para las futuras generaciones.